Internacional - El espejismo de la Alianza Moderada en el Oriente Medio

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Jonahan Spyer

AURORA - En los últimos años, se ha convertido en una costumbre en muchos análisis sobre el Oriente Medio, provenientes de Israel, dividir a los países de la región en una serie de alianzas o “campamentos”. Estos campamentos son identificados de varias maneras. Pero la representación más habitual señala un bloque rígido y jerárquico de estados y movimientos dominados por la República Islámica del Irán. Una alianza de países “moderados” que se oponen a Irán, que incluye a Egipto, Arabia Saudita, Jordania, Emiratos Árabes Unidos y al propio Israel, es vista como el principal adversario y una barrera a las ambiciones hegemónicas del bloque liderado por Irán. Algunas representaciones también postulan la existencia de una alianza más pequeña de estados y entidades asociadas al Islam político sunita al estilo de los Hermanos Musulmanes (Qatar, Turquía y el enclave de Hamas en Gaza). El cuadro se completa con la adición de las redes regionales islámicas salafistas rivales de al Qaeda y el Estado Islámico.

Este cuadro es agradable a la vista, tanto por su coherencia como por su sencillez y elegancia. Coloca una poderosa alianza regional de la que Israel es visto como un miembro. Sin embargo, resulta mucho más cuestionable si ese cuadro se ajusta en verdad a la realidad.

Particularmente, si bien el bloque liderado por Irán y las redes transnacionales de los jihadistas salafistas son ciertamente observables, es mucho más dudoso que algo que se asemeje a una alianza de estados “moderados” realmente exista.

Irán encabeza una alianza, que ha logrado avances significativos en toda la región durante la última década. Su cliente libanés Hezbollah está absorbiendo crecientemente a las instituciones del Estado libanés. Sus clientes en Yemen (el movimiento Ansar Allah o los “huthíes”) controlan la capital y una gran franja del país. Bashar Assad de Siria ya no está en peligro de ser derrocado y ahora domina las principales ciudades y las costas de su país, así como a la mayor parte de su población. En Irak, las milicias chiís del Hashd al Shaabi están emergiendo como un actor político y militar clave.

La alianza iraní se caracteriza por una estructura de tipo piramidal, con Irán en la cima. En el Cuerpo de la Guardia Revolucionaria Islámica, Teherán tiene un organismo perfectamente adecuado para la gestión de este bloque. Como la guerra siria lo ha demostrado, Teherán es capaz de reunir proxies (socios menores) y clientes a lo largo y ancho de la región y de tan lejos como Afganistán y Pakistán, con el fin de desplegarlos en apoyo de un miembro asediado de su equipo. Así es como se ve una alianza.

Por el contrario, el denominado bloque moderado, de hecho, está formado por países que discrepan amargamente sobre cuestiones importantes, aunque estén de acuerdo en algunas otras.

Observe: Arabia Saudita fue el primer país en expresar su apoyo al golpe militar en Egipto el 3 de julio de 2013. La amistad entre El Cairo y Riad parecía destinada a formar un nuevo baluarte árabe sunita contra el avance iraní y las ambiciones de los radicales suníes del Islam político. Esto no ha sido así. En una serie de casos regionales claves, estos dos países están ahora en lados opuestos.

En Siria, Arabia Saudita fue y sigue siendo uno de los principales partidarios de la rebelión. El régimen de Assad, como cliente de Irán, era y es un enemigo natural para los sauditas. Sin embargo, los egipcios vieron y ven la guerra siria de una manera totalmente diferente: como una batalla entre un régimen militar fuerte y una rebelión basada en el Islam político suní. En noviembre de 2016, el presidente Sisi dijo que las fuerzas de Assad eran las fuerzas del gobierno sirio que estaban “mejor posicionadas para combatir al terrorismo y restablecer la estabilidad” en el país. Sisi identificó esta postura como parte de una estrategia más amplia según la cual “Nuestra prioridad es apoyar a los ejércitos nacionales… y enfrentar a elementos extremistas. Lo mismo ocurre con Siria e Irak”.

Esto coloca a Egipto y a Arabia Saudita, las supuestas anclas gemelas del bloque “moderado” en desacuerdo en dos áreas claves. En Libia, de acuerdo con esta orientación, Egipto apoya plenamente al general Khalifa Haftar y sus fuerzas. Arabia Saudita, por el contrario, es en gran medida indiferente a los acontecimientos en ese área.

En Yemen, por su parte, los egipcios han ofrecido sólo un apoyo carente de entusiasmo (de pecho frío) al esfuerzo de guerra de Arabia Saudita contra los huthíes.

Esto, a su vez, se relaciona con otra diferencia clave entre ambos, con respecto a las relaciones con Irán.

Mientras que los sauditas ven al bloque regional liderado por Irán como la principal amenaza regional a sus intereses; los egipcios se están acercando a Teherán. Ambos países no han tenido relaciones diplomáticas plenas desde 1980. Pero los iraníes reconocieron su posición común sobre Siria, cuando el ministro de relaciones exteriores iraní Mohammad Javad Zarif solicitó específicamente a John Kerry que invitara a Egipto a enviar una delegación a las conversaciones sobre Siria, en la ciudad suiza de Lausana, el 15 de octubre de 2016. En ese mismo mes, para la furia de los sauditas, El Cairo votó a favor de una resolución del Consejo de Seguridad de la ONU, respaldada por Rusia, permitiendo la continuación del bombardeo de los rebeldes en el este de Alepo.

A su vez, cuando el gigante petrolero saudita Aramco anunció el cese de las transferencias de combustible a Egipto; Sisi declaró que “Egipto no se inclinará ante nadie más que Dios”, y el gobierno de Irak accedió a compensar el déficit, a pedido de Irán y de Rusia.

Por lo tanto, el núcleo de la alianza egipcio-saudita se está deshaciendo.

Israel considera como sus principales preocupaciones el expansionismo iraní y el Islam político suní; Egipto sólo está preocupado por este último. Mientras tanto, Arabia Saudita, se preocupa cada vez más sólo por el primero. Representantes del rey Salman Bin Abdul Aziz se reunieron el año pasado con funcionarios de los Hermanos Musulmanes en Estambul, Londres y Riad. En la agenda estaba la posible retirada de la Hermandad -el principal enemigo de Egipto- de la lista de organizaciones terroristas de Arabia Saudita. El rey Salman ha tomado una visión mucho más indulgente del Islam político suní que su predecesor, el rey Abdullah. Esto a su vez ha llevado al acercamiento saudita con Turquía.

Así, las tres principales esquinas de la alianza “moderada” están navegando en diferentes direcciones: Riad parece dirigirse hacia un acercamiento con el Islam político mientras mantiene su oposición a Irán; Egipto tiende hacia Rusia, Siria, Irak y una postura de apoyo a los estados fuertes. Israel tratará de mantener buenas relaciones con ambos (y con actores más pequeños de la “alianza” como Jordania y los Emiratos Árabes Unidos), sobre la base de indudables áreas de intereses y preocupaciones compartidas. Pero cualquier noción de un bloque unido de países alineados con Occidente como un muro contra el avance islámico iraní y sunita es hoy en día poco más que un espejismo.

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Lo que podría cambiar todo esto sería el retorno de la superpotencia que alguna vez fue el patrocinador de los tres países: Estados Unidos. Las alianzas funcionan cuando tienen líderes. Sólo Washington podría reorganizar de nuevo a los dispares enemigos de Irán y el Islam político suní en una unidad coherente. Queda por ver si la Administración Trump está interesada en desempeñar ese papel.

Fuente: Jpost.com





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